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Seguidores de huellas

agosto 29, 2012

Capítulo 1. Encuentros. Parte 6


            Margaret siempre había sabido el secreto de Melanie, pues era la persona de más confianza de sus padres y también sabía guardar discreción. Según ella misma, no se lo había contado ni a Alice, su hija. Siempre había tratado a Melanie como una más, no como una amenaza ni nada por el estilo. Sólo como una persona más de la familia, como su "sobrinita preferida". Eso a Melanie le encantaba. Alguien que la aceptaba tal como era, dejando a un lado su defecto.
            Subieron en el ascensor en un total e incómodo silencio. Alice solía hablar continuamente, pero no cuando otras personas (por alguna razón u otra) daban la sensación de estar sintiéndose mal. Por su parte, Melanie, simplemente no tenía ganas de hablar.
            La casa estaba en el tercer piso. Era grande y bonita, a la vez que acogedora; no como otras que, de tan grandes que son, dan una sensación de vacío. Cuando entraron, Margaret recibió a Melanie con un caluroso abrazo, al que ella respondió con pocas ganas. Desde entonces, Margaret sospechó que algo malo pasaba. Su sobrina, aunque extraña y misteriosa con los desconocidos, era muy afectuosa con las personas que más conocía. Las invitó a sentarse en el salón.
            El salón era amplio y estaba muy bien decorado. Los sofás de cuero granate, la televisión de plasma, los muebles de un estilo muy moderno, los cojines en rayas granates y canela pálido, a conjunto con las cortinas, el suelo de parqué… todo parecía elegido por un profesional, aunque en realidad era Margaret quien elegía todos los muebles, incluso de distintas colecciones, siempre que quedasen bien.
            —Hmm… Preferiría hablar a solas con tu madre, Alice —se excusó Melanie algo cortada, con una sonrisa tímida y amarga a la vez en el rostro.
            Fue entonces cuando Margaret comprendió definitivamente que algo iba mal.
            —¡Oh!, ¡Claro! No pasa nada… Yo de todas formas he quedado con Tania para ir a la biblioteca a coger unos libros. Volveré a las seis, mamá.
            Melanie se quedó estupefacta. No se podía creer tanta coincidencia.
            —¿Conoces a Tania?
            —Oh, sí, es mi mejor amiga, vamos al mismo instituto; ¿por?
—Fui a ese mismo instituto esta mañana. Coincidimos en un par de clases.
            —Okay, le diré que te incluya en el grupo de trabajo, nos faltan dos personas… ¿estás con ella en filosofía? —inquirió Alice, amablemente.
            —Sí, claro, sería genial —Melanie dijo esto sin mucha emoción y sonó como si un robot lo hubiese pronunciado.
            Alice se despidió haciendo el signo de la paz con los dedos y con una mueca parecida a una sonrisa. Seguidamente salió por la puerta apresuradamente, como si huyera de la casa hacia la tranquilidad de la calle.
            Margaret observaba el gesto melancólico de Melanie, que miraba la puerta, embobada, mientras recuerdos rápidos pasaban por su mente.
            De pronto, uno especialmente doloroso llegó al fin. Después de una semana y media sin recordar, había salido a la luz. El recuerdo de unas zarpas, el recuerdo de la sangre, el recuerdo de un bello rostro surcado por tres largas cicatrices y tres heridas recientes, el recuerdo del sabor metálico de la muerte entre los colmillos, el recuerdo de oír como la piel se desgarraba y los huesos se rompían…
            Todo volvió a su mente de forma inesperada.
            Dos gruesos goterones rodaron por sus mejillas.
            Margaret la abrazó, suponiendo qué había pasado. Esperaba estar equivocada, aunque sabía que no lo estaba.

3 comentarios:

  1. genial, este campitulo esta genial, y muy bien narrado, tengo ganas de mas :D

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  2. Muchas gracias a las dos !
    Mañana más!

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