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Seguidores de huellas

octubre 02, 2012

Capítulo 3. Indecisión. Parte 3


            «Joder, esto no tiene ningún sentido», pensaba Alice. «Agh, qué frustración, no me entra en la cabeza».
Había decidido ir a dar una vuelta ella sola, para poner en orden sus ideas. El mundo tal como lo había conocido se venía abajo. Ahora le hacía frente a una nueva realidad, llena de lo que para ella habrían sido incoherencias y estupideces hasta apenas unos minutos antes. Mientras pensaba, comenzó a llover.
«Y encima, llueve» pensó con resignación. «Qué idiota es el mundo.»
Se dirigió a una cafetería cercana a refugiarse de la lluvia. Recordó su primera "cita" con Erik, cómo él la había encontrado fuera de casa, a la intemperie en medio de la noche, y la había llevado a aquella misma cafetería, que abría hasta pasadas las dos de la madrugada. Aquel recuerdo le produjo melancolía, aunque no supo exactamente por qué.
El local, como siempre, estaba a una temperatura agradable, e incluso algunas personas se quitaban los abrigos que les resguardaban del frío de fuera. Varias mesitas de madera se extendían por todo el local, rodeadas de amplios y cómodos sillones. Al fondo, encima de una tarima, había un grupo de jazz, compuesto por un saxofón, un piano y un contrabajo. Su música ofrecía un ambiente cómodo y acogedor, perfecto para evadirse.
De pronto, se dio cuenta cómo una lágrima se deslizaba por su cara hasta llegar a la superficie espumosa del café que había pedido. Miró al café, con los ojos muy abiertos, y, seguidamente, notó cómo otra lágrima se desprendía de su ojo, pero ésta le dio tiempo a cogerla con el dedo índice.
«¿Por qué?» se preguntó a sí misma, simplemente, mientras observaba la gota transparente resbalarse de su dedo y caer en la servilleta.
Alargó la mano hacia su bolso, colgado en la silla, cogió su móvil y marcó el número de Erik.
—¿Alice? Dime.
—¿Puedes venir a nuestra cafetería, por favor…? —pidió Alice, notando que le temblaba un poco la voz, pero deseando que él no lo notara.
—Claro. ¿Qué sucede?
—…
Alice colgó. No podía contárselo.
Enterró la cabeza entre sus manos y lloró quedamente, sin emitir sonido alguno.

2 comentarios:

  1. Tengo una duda, ¿llora por sentirse impotente o porque su mundo se ha vuelto patas arriba?
    Por lo demás está muy bien narrado y es coherente.
    Besitos

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  2. Owww... Pobre Alice... Espero que se le pase pronto...

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