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Seguidores de huellas

noviembre 23, 2012

Capítulo 4. Melanie. Parte 2


Cuando bajamos de la torre, nos dirigimos a un restaurante a comer, pues era mediodía. No recuerdo qué comí, no me vayas a pedir detalles, pero sí sé que nos hallábamos en un restaurante que estaba al lado de una plaza muy transitada por los turistas. Comí tanto que pensé que iba a estallar, además la receta era exquisita y me sentía como una diosa.
Seguimos haciendo turismo durante la tarde, me divertí mucho; a pesar de ser una niña me encantaba la historia, recorrer ciudades… Supongo que para la edad que tenía entonces no era muy común, pero bueno, era y sigo siendo bastante peculiar.
Recorrimos las partes más hermosas de la ciudad. Casi cuando se iba a poner el sol, decidimos partir hacia el hotel donde nos estábamos quedando.
—Mel, hay que ir al hotel. Te estás muriendo de cansancio —mi madre acarició mi cabellera alborotada.
Yo seguía ensimismada mirando el paisaje.
—Melanie, cariño… —mi madre intentó sacarme de mi ensoñación, pero sus intentos fueron en vano.
De repente, una señora de unos cincuenta años salió a nuestro encuentro.
—Una preciosa puesta de sol, ¿no es cierto? —la señora, que nos hablaba en un danés con cierto acento afrancesado; era pelirroja, como yo, pero su cabello no poseía este color naranja zanahoria que tengo, sino un tono granate, casi caoba, que resultaba precioso a la vista y brillaba como el crepúsculo en sus últimos segundos. Su arrugada piel era de un color aceitunado, destacando irremediablemente unos ojos de un celeste brillante, como el cielo a la hora del amanecer. Sus cejas se arqueaban sobre sus ojos, proporcionándole una expresión suspicaz.
—Sí —dije yo solamente—. Me gustan las puestas de sol. Son del color de mi pelo.
—Tu pelo… —la señora me miró detenidamente por primera vez—. ¡Tu pelo! ¡Tú!
Mis padres se quedaron boquiabiertos ante ella, supongo que pensarían que era una lunática o sabe Dios qué.
—¿Perdone? —intervino mi madre.
—Señores, necesito hablar con ustedes acerca de su hija. Acerca de su naturaleza. Tengo las respuestas que pueden estar buscando. ¿Serían tan amables de acompañarme?
Mis padres estaban desesperados por encontrar una respuesta a lo mío, así que no creo que se lo pensaran mucho. Cruzaron una mirada de entendimiento y mi padre habló esta vez.
—Por supuesto, ¿nos puede decir su nombre?
—Claro que sí, creo que les puedo servir de gran ayuda y me gustaría que nos mantuviésemos en contacto. Me llamo Davina Boissieu. Si no les importa, acudid a mi local; allí hablaremos con más tranquilidad.
—Vayamos.

3 comentarios:

  1. Me gusta mucho y sigues dejandolo bastante interesante, espero poder leer pronto el siguiente besos :)
    PD: en mi blog acabo de publicar el capitulo 8 part 1

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    1. ¡Hola!
      Gracias por el cumplido, me gusta dejarlo interesante, jejeje.
      Sigo leyendo tu blog, lo que como he estado tanto tiempo off, me estoy poniendo al día. Un beso, cuando alcance la ultima entrada te comento lo que me parece.
      ¡Chaíto!

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  2. Me gusta mucho :) Siento no haber comentado antes, he estado ocupada todo el fin de semana :) Ahora comento el siguiente cap. ¿Quién es esa señora? ¿Es como Mel? ¿O es de las malas?

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