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Seguidores de huellas

noviembre 25, 2012

Capítulo 4. Melanie. Parte 3


Caminamos a paso rápido guiados por Davina. Atravesamos una de las calles principales, nos metimos por una más estrecha y nos llevó a través de la ciudad durante unos veinte minutos. Finalmente, llegamos a una concentración tal de callejones que parecía un auténtico laberinto. Pero, sin titubeo alguno, Davina dobló por una esquina u otra como si se tratara de su propia casa. De repente, se detuvo delante de una puerta. Sacó la llave y la metió en su correspondiente cerradura, dio cinco vueltas a ésta y nos invitó a entrar.
El pequeño local tenía poca iluminación, unas velas aquí, una pequeña bombilla allá… Parecía acogedor. El recibidor era amplio y tenía una mesa rectángula de cristal en su centro, la cual no tenía mucha altura. Alrededor de esta mesa había varios sillones y cojines, donde cualquiera podría sentarse cómodamente. Un poco más allá había un equipo de música, y mis curiosos ojos avistaron varios discos de la New Age sobre el dispositivo. Davina se dirigió a una barra y abrió una estantería situada debajo de la misma. Dentro había un frigorífico muy pequeño, perfecto para ofrecerles algo a las visitas.
—¿Gustan de algo, señores?
—No, muchas gracias, señora Boissieu —respondió mi madre.
—Llámenme Davina, por favor —respondió ella con una sonrisa—. ¿Tú quieres algo, pequeña… cualquieraqueseatunombre?
—Soy Melanie Alava. ¿Tiene usted un zumo de naranja? pregunté muy formal.
—Sí, Melanie, cariño; llámame de tú. Toma —seguidamente sacó un bote de cristal lleno de zumo y me lo tendió. Luego rebuscó algo más y sacó una botella de vino de otra estantería, sirviéndose media copa para ella y otra media para mis padres, aunque no hubieran pedido nada.
Invitó a mis padres con un gesto a sentarse alrededor de la mesa de cristal. Ellos accedieron asintiendo y ambos se sentaron en un sillón más o menos ancho. Yo corrí junto a ellos y me senté en un puf que se encontraba justo al lado del sillón.
—Si no les importa, voy a poner algo de música, me relaja — Davina se dirigió al equipo de música y eligió uno de los discos. Pronto una música profunda y relajante se extendió por toda la estancia. Se sentó en otro sillón enfrente de mis padres.
Durante unos segundos nadie dijo nada. De pronto, Davina soltó un largo suspiro, y se dispuso a hablar.
—Empecemos por lo primero: mi nombre es Davina Boissieu. Soy vidente privada; veo auras y a veces tengo la facultad de percibir algunos espíritus, si ellos quieren mostrarse. Su hija tiene un aura especial.
Mi padre, incrédulo, replicó:
—Mire, señora, no quiero ofenderla pero…
—Señor Alava, puede llamarme usted de tú y por mi nombre de pila, como le dije antes; y no me ofende en los más mínimo. Esperaba esa reacción. Pero por favor, les ruego que me escuchen; saquen sus conclusiones sobre si lo que les digo es verdad o no, sobre si estoy loca o no, pero por favor, escúchenme, porque quizá esto pueda servirles de ayuda.

3 comentarios:

  1. Jum.... ¿Qué les dirá? Quiero decir, además de lo que ya sabemos :) ¡Que intriga! Me dejas con las ganas :) Espero que publiques pronto. Besos!

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  2. Que intriga, tengo curiosidad por como le dira lo que nosotras ya sabes y tambien su reaccion :)
    espero que publiques pronto
    Besos

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  3. Gracias por seguir leyendo chicas! En la siguiente parte sabréis la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.
    Un beso!!

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