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Seguidores de huellas

noviembre 29, 2012

Capítulo 4. Melanie. Parte 5


—Muchas gracias, Davina —mi padre asintió, serio, mientras tomaba la tarjeta y se la metía en el bolsillo. Entonces yo no alcanzaba a comprender, pero hoy veo lo desesperados que estaban ambos por una respuesta, fuera la que fuese—. No nos tomaremos esto como una broma ni como algo tan inverosímil como parece. Estaremos atentos a los cambios de Melanie. E iremos a ver a su amigo en cuanto podamos tomar un avión desde Dinamarca, ya que nuestra estancia en Francia es limitada, mañana regresamos.
Davina desencajó la cara. Se levantó con urgencia y se dirigió corriendo a otra habitación. De allí trajo un pequeño ordenador portátil blanco. Tecleó durante unos diez minutos; yo estaba medio dormida y no hacía mucho caso de lo que ocurría a mi alrededor, y mis padres tampoco hacían preguntas. Simplemente esperaban, expectantes. Justo cuando empezaba a dormitar, el movimiento brusco de Davina al pasarles el portátil a mis padres me sacó de mi ensoñación. Estuve atenta a sus miradas pero éstas no decían nada, miraban la pantalla con una mezcla de incredulidad, estupefacción y consternación. Pasaron unos cinco minutos hasta que mis ojos, atentos a la escena, detectaron otro movimiento: la cara conmocionada de mi madre, su mano llevada a los labios. Mi padre tenía el ceño fruncido, como cuando algo no le agradaba demasiado.
—No creo que sea muy recomendable volver a Dinamarca en los próximos meses —dijo Davina en voz baja.
—Ya veo… —mi padre pasó una mano por los hombros de mi madre y la apretó contra sí—. ¿Alguna alternativa, Davina?
—Si pueden cancelar su vuelo, sí. Puedo recuperar todas sus pertenencias de manera discreta y legal. Mi amigo lo ha tenido que hacer varias veces y yo le he ayudado.
—Podríamos mudarnos a Irlanda, allí vive mi hermano con Margaret y su niña, que sólo es un año mayor que Mel. ¿Te parece? —mi padre se dirigía a mi madre esta vez, que estaba lagrimeando—. No te preocupes, cariño, todo irá bien —la abrazó todavía más fuerte. Yo no entendía nada de lo que pasaba.
—¿Vamos a ir a vivir con la tía Maggie? ¿Y con el tío John? ¿Y con Alice? —pregunté yo. Sabía que ellos vivían en Irlanda, mi familia por parte de padre era irlandesa; por parte de madre, danesa.
Mis padres, al parecer, no me escucharon.
—Pero tu hermano se va a Noruega este mismo año, eso solo puede ser provisional… —replicó mi madre.
—Pues nos iremos fuera de Europa, a cualquier sitio. Si se habla inglés no tendremos ningún problema —mi padre hablaba con tono tranquilizador.
—Supongo que sí… —mi madre se despegó algo de mi padre y me dirigió una mirada. Negó con la cabeza y sus ojos grises se dirigieron esta vez a Davina—. ¿Cuánto tiempo nos puede llevar esto?
—Si pueden marcharse esta noche, genial. Yo les puedo proporcionar el  billete del avión, tengo contactos en el aeropuerto de París. Ustedes sólo tienen que darme su próxima dirección y en unas semanas tendrán allí todas las pertenencias que nos indiquen aparte de fotografías, ropa, y otras pertenencias personales. Si hay algún mueble que quieran conservar, solo tienen que indicármelo, yo daré orden de que se traiga.
Entonces mi cansada cabeza se rindió al sueño y me dormí.

1 comentario:

  1. Oh, ¿Qué ha pasado? ¿Qué han visto en el ordenador? Me has dejado con las ganas ;) ¿Entonces se van a vivir con Alice? Espero que Mel está bien, pobrecita, y tan pequeña... Espero que subas pronto! Un beso.

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