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Seguidores de huellas

diciembre 03, 2012

Capítulo 4. Melanie. Parte 7


A partir de entonces, mi vida volvió a ser casi normal. No conseguimos localizar al amigo de Davina, pero pensamos preguntarle a ella más adelante si se presentaba alguna complicación.
Unos meses después, Davina nos llamó a nosotros. No sé lo que ocurrió, pero en tres días estábamos de mudanza a Los Estados Unidos. Mis tíos, por su parte, se irían a Noruega por el trabajo del tío John.
Allí, en el estado de Nevada, fue donde detectaron que era superdotada, al igual que mi madre, y me subieron un curso. En Nevada estuve dos años.  Hasta que ocurrió por primera vez. Fue dos meses después de venirme el primer período, cuando cumplí catorce años. La noche anterior tenía grandes jaquecas, y la noche siguiente todo ocurrió de repente. Yo no recuerdo las cosas con exactitud, sólo sé que hice mucho daño a mi madre. Mi padre tuvo que encerrarme y mandarla a ella a urgencias. No quiero saber lo duro que debió ser para ellos; encerrar a su propia hija sin poder hacer nada para evitar lo que le sucedía. Ni llamar a un médico siquiera, pues sin duda aprovecharían ese “fenómeno” para la investigación. Para la ciencia. Ni mis padres, ni mucho menos yo, querríamos eso.
Mis padres llamaron a Davina después de dos meses, cuando comprobamos que mi otro ADN, por así decirlo, reaccionaba con algunas hormonas sexuales y con los sentimientos de tristeza e ira.
Davina nos dijo que en esos momentos estaba viviendo en Australia, y que estaría bien un cambio de aires para mí, que no sería mala idea. Total, que nos mudamos a Australia. Yo iba tan nerviosa en el avión, por si podría controlarme en el caso de que pasara algo o no, que no podía parar quieta: movía las piernas, me hacía crujir los dedos de las manos, me enrulaba o me alisaba el pelo, etc.
Cuando llegamos a Australia esperamos un tiempo para ir a casa de Davina. Nos dijo que tenía unos cuantos problemas y que fuéramos en unos meses. Esos meses fueron, quizá, los más confusos de mi vida; tenía que acostumbrarme a mi nueva naturaleza, a los cambios, a todo. Mis padres también estaban muy turbados por todo lo que ocurría conmigo, pero lo iban aceptando poco a poco y me intentaban tratar como siempre, aunque yo veía que estaban cautelosos, atentos a mis reacciones. 

2 comentarios:

  1. Me encanta. Pobre Mel, mira que tocarle una vida tan dura... Espero que publiques pronto! Besos!

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  2. Muy bueno y vaya mala suerte que le ha tocado a Melani :S
    Besos!

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